jueves, 17 de mayo de 2012

Flores entre cemento


“Nuestros padres fueron vendedores de rosas […] y nosotros fuimos descendientes […] ellos nos enseñaron a trabajar con flores”, son estas las palabras con las que doña Bertha Ruth Londoño, identifica el origen de su trabajo actual,  por casi más de 20 años esta mujer se ha dedicado a realizar arreglos florales siempre en Junín, pues ella lo describe como un lugar en el que se ve de todo tipo de personas “desde los gamines hasta los de cuello blanco”. A sus 63 años ha sido testigo de los cambios de la ciudad de Medellín, desde su pequeño cajón de venta de flores ha divisado lo que para ella fue lo mejor que le ha pasado a la ciudad, refiriéndose al mejoramiento físico que tuvo su sitio de trabajo. Ahora que las casetas son más bonitas, hacen que Bertha se sienta orgullosa de hacer parte de uno de los atractivos turísticos principales de la ciudad, las flores.  Ese orgullo es el que hace que cada mañana cuando sube  las puertas de su negocio ella sienta que pertenece a este lugar, que hace parte de él, tanto o más  que el Edifico Coltejer.

Su vida se encuentra divida entre la naturaleza de Santa Elena, lugar donde vive y el caos y violencia que tiene la ciudad, lugar donde trabaja. Bertha asegura que todo en Junín es bueno excepto  la violencia y conflictos,  ladrones y habitantes de la calle que en ocasiones se aprovechan de un descuido de las personas para robarles: “Lo mejor que se puede hacer con estos jóvenes que duermen en las calles es recogerlos a todos y llevarlos a un lugar”.

Mientras tanto ella con sus flores busca endulzar mágicamente  la vida de quien por placer u obligación compra un arreglo florar para su madre, amiga, novia o cualquier persona que sabe apreciar  entre la dura realidad cotidiana el valor de una flor. Allí en ese rinconcito  del largo y sustancioso paseo peatonal de Junín, doña Bertha nos recuerda a la madre naturaleza;  donde todos los días , cada mañana comienza el proceso de adornar esta jungla de cemento,  de conquistar con sus arreglos a los transeúntes, propios y extranjeros que por casualidad o rutina pasan por Junín, casi cualquier persona se deja cautivar por la belleza de una flor, incluso personas que antes no se atrevían a visitar el lugar debido a su infraestructura  que no era muy agradable, ahora viene orgullosas a comprar una flor, un ramillete o solo a “chismosear”.

La experiencia   más significativa con la cual doña  Bertha se siente orgullosa es con el hecho de vender flores, considera que es una parte de  su existencia  que contribuye al embellecimiento de Medellín; sus ojos se iluminan cuando habla de la flores porque “estas son un símbolo muy bonito […] para que la gente del exterior mire que Colombia no es tan mala como se cree, sino que Colombia si es buena” y a la vez nos permite comprender  que en ocasiones un poco de naturaleza se destaca entre los  corazones de cemento de quienes habitamos en esta ciudad.

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